lunes, 16 de marzo de 2015

Las comparaciones

Las comparaciones siempre han despertado un cierto resquemor, en especial entre los escritores. “Uy, tu libro me recuerda a…” o “Este personaje parece basado en…” son frases comunes, y a muchos les molesta. Yo he tenido mi época de sentirme mal cuando alguien me ha dicho algo así, pero es una fase que se acaba superando.

La originalidad absoluta no existe. Como dice Angelo en Dos Velas para el Diablo (aunque no estoy siendo literal), actualmente la literatura, las películas, todo son refritos de obras anteriores. Y no tiene nada de malo.

Es muy difícil dar una fórmula totalmente original, algo que no se haya visto nunca antes en absoluto.

Al reseñar nuestra obra Andras, el Nigromante, muchos han hecho hincapié en que es una novela con una base original. Sí, puede ser que Devorador sea un poco novedoso y también las habilidades que transmite, pero si lo miras bien, no es más que un giro más de la nigromancia (de ahí el título).

De modo que siempre estaremos expuestos a las comparaciones, y tenemos que ser capaces de aceptarlo. Lo que importa no es que nuestra novela sea total e ineludiblemente única (porque eso es imposible), sino que le demos un toque personal, nuestro propio giro (en el caso de Andras, el Devorador) y el trato propio de nuestra propia obra.

Si un lector se te acerca diciendo “Tu libro me gustó tanto como X porque se le parece mucho”, no te ofendas. En realidad es un halago.

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