viernes, 31 de julio de 2015

Minireseña:
Nacida de la Vergüenza (Las Hermanas Concannon 3),
de Nora Roberts


Me ha encantado totalmente que este libro fuera para emparejar a Murphy. Bueno, vale, puede que no fuera para eso, pero aun así me ha encantado que el hombre de esta pareja fuera él. Cuando lo he visto ha sido “Aaaaay que moooonooooo”.

No existen los hombres como Murphy, pero deberían existir. No hay criatura más dulce, más encantadora, más seductora. Ay, yo quiero uno. Por favor.

Pero bueno, esto no va de él. No todo.

En el cierre de la trilogía conocemos a la tercera hermana (o medio hermana), Shannon, que descubre que es una hija bastarda minutos antes de perder a su madre, así como si nada. Su vida da un vuelco, se rompe en mil pedazos, y tiene que recomponerlo.

Y lo hace. Le cuesta, claro, como a cualquiera. Siempre ha tenido las cosas muy claras, y ya no, pero aun así va hasta Irlanda, conoce a sus medio hermanas, descubre esa parte de su rama familiar y allí encuentra cosas que no había esperado y que, de hecho, no quería. 

Encuentra su verdadera vocación, aquello que quiere hacer con su existencia, encuentra un hogar, una familia y también el amor.

La verdad es que ha sido un libro muy bonito, y me ha gustado mucho. Eso sí, el segundo sigue ganando.

4. Recomendado



miércoles, 29 de julio de 2015

Relato Corto:
los Puentes,
por Athalia's

Los puentes, que unían las distintas islas de aquel mundo hostil, eran los lugares más seguros de Kaoswa… al menos durante el día. Cuando el sol brillaba, no había nada allí que hiciera sombra, no había espacio para los horribles espectros que habitaban las tinieblas. No había postes ni columnas.
Pero, por lo mismo, cuando el sol caía no había nada que diera la luz suficiente para espantar a aquellos seres monstruosos.
Los puentes eran largos, muy largos. Se podía tardar todo un día en cruzar uno. En algunos puntos estaban resquebrajados, pero nadie tenía valor para intentar arreglarlo, pues bajo él, a su sombra sobre el mar…
Allí estaban.
Shela podía oírlos bajo el puente, sus respiraciones pesadas, lentas, ruidosas, el leve sonido de sus cuerpos levitando sobre el agua salada, sus capas raídas azotadas por el viento marino.
Desde aquella distancia no podían hacerle daño, se dijo. No podían atacarla. No podían herirla. No podían convertirla en una de ellos.
Pero el sol comenzaba a declinar, y Shela no podía evitar pensar en que se le acababa el tiempo… y aún no había llegado al otro lado. Tenía una linterna con ella, pero no le serviría de nada contra todo lo que había ahí debajo.
Caminó más deprisa. Si corría se cansaría en seguida, y eso no sería bueno. Así que seguía andando, andando sin parar. No se había detenido desde el amanecer, no había comido y comenzaban a faltarle las fuerzas, pero si se paraba aunque fuera sólo para dar un bocado…
Se oyó un repulsivo chirrido, y Shela chilló, cubriéndose la cabeza instintivamente, cerrando los ojos con fuerza.
Pero no era nada. Los espectros que había debajo del puente estaban arañando los soportes para asustarla todavía más. Podían oler su miedo. Estaban hambrientos. Pero no podrían alimentarse de ella, de su terror, hasta no tenerla cerca, a menos de un brazo de distancia.
Shela abrió los ojos de nuevo. Su respiración se había acelerado, y no lograba controlarla. Esta vez no pudo contenerse, y echó a correr.
El sol ya se comenzaba a ocultar, muy lejos de ella, en el horizonte, tiñendo el cielo de fuego y sangre.
Si tan solo no hubieran abierto aquella cripta hacía décadas. Si tan solo hubieran sido capaces de obedecer la apremiante advertencia que se alzaba en la roca de brillantes letras. Si tan solo el sentido común hubiera sido en su tiempo más fuerte que la curiosidad, todo aquello no estaría pasando.
Un solo espectro. Eso había en el interior de la sellada y antigua cripta. Uno solo de aquellos monstruos.
Ahora eran varios miles. Diezmaban la población humana de Kaoswa con una rapidez inverosímil. Se alimentaban de sus miedos, y cuando terminaban, los que habían sido hombres eran como ellos, espectros que levitaban y deambulaban por la tierra y sobre el mar en busca de otro bocado.
Los humanos no tenían armas para luchar. Las balas y los misiles no funcionaban; las flechas, espadas, lanzas y mazas no los herían; los virus no les afectaban. Eran inmunes a todo.
A todo, menos a la luz. La luz del día los convertía en polvo… si los tocaba directamente. Pero eran criaturas inteligentes, y, si bien podían verse vagando en las sombras de los edificios, no tocaban jamás el límite entre la tiniebla y la luz del sol.
Las luces eléctricas y las linternas los hacían retroceder, pero no los derrotaban. Ya era algo. Los humanos permanecían durante el día a la luz, y por las noches en habitaciones cerradas con todas las luces encendidas; las paredes no eran barreras importantes para los espectros, las atravesaban, pero no les debía ser grato, pues no lo hacían si había una ventana o puerta abierta.
Todos eran conscientes de que algún día habría un fallo y se quedarían sin electricidad. Por ahora, usaban placas solares, molinitos de viento, fuerza hidráulica, todo lo que estaba a su alcance para conseguir energía. Pero algún día no podrían. Algún día no recogerían energía suficiente.
Y entonces todos caerían.
Shela avistó finalmente el final del puente. Más allá se alzaban los edificios, las salas donde los humanos ya se escondían, las habitaciones llenas de luz. Aliviada, la muchacha empezó a correr más deprisa…
No vio la grieta en el suelo pedregoso del puente. No la vio, tropezó y cayó cuan larga era. Gritó, espantada y dolorida.
Alzó la mirada. De sol sólo quedaba ya una uña en el horizonte.
Horrorizada, se levantó deprisa, pero ahogó un chillido al notar un dolor punzante en la rodilla, y volvió a caer. Le sangraba la pierna.
—No, no… —murmuró, suplicante.
Desesperada, se obligó a ponerse en pie. A pesar de lo mucho que le dolía la herida sucia y sangrante, tenía que llegar, tenía que llegar…
Cojeando, siguió avanzando todo lo rápido que pudo. Ya casi llegaba. Ya casi…
Entonces vio la sombra de la noche corriendo hacia ella a velocidad de vértigo, y en seguida se vio tragada por las tinieblas nocturnas.
Con un gemido de angustia, rebuscó en su bolsa, temblando, y encendió la linterna. El foco lanzó un haz de intensa luz frente a ella, dándole una cierta sensación de tranquilidad. Tenía luz, tenía luz, nada malo podía ocurrirle.
Vio los espectros subiendo por la barandilla del puente, nada más que capas raídas cubriendo casi en su totalidad un cuerpo esquelético y sin consistencia.
—¡Fuera, fuera! —exclamó, aterrada, moviendo la luz a todos lados para espantar a las criaturas.
Los monstruos retrocedían con gruñidos molestos, pero en cuanto el haz se desviaba a otro lado volvían a escalar y acercarse a la muchacha.
Shela, presa del pánico, chilló y echó a correr, enfocando adelante con la linterna. Los espectros se apartaban de su camino, casi como si la dejaran pasar…
Lo que la muchacha no vio fue que se agolpaban tras ella, levitaban más deprisa que ella, y alargaban sus manos de hueso y putrefacción con tal de agarrarla.
Finalmente, uno de los monstruos asió un mechón de cabello negro y tiró. Shela gritó de dolor, y cayó al suelo otra vez. La lámpara se le escapó de las manos, rodó y cayó al mar.
Los espectros se acercaron a ella, hambrientos, rodeándola, acosándola, haciéndole sentir el terror más irracional del cosmos.
Sus respiraciones pesadas y ruidosas se vieron cubiertas por el último chillido agónico de la muchacha.

Cuando los espectros se dispersaron, había uno más con ellos, y ni rastro de la muchacha.

lunes, 27 de julio de 2015

Pre-Reseña:
Momentos Inolvidables, de Mary Balogh


Al empezar la lectura me quedé como “meh, pues si todos los personajes son así de estirados…”, pero rectifiqué en seguida. Él, desde luego, no es un estirado.

Las páginas no dan mucho de sí, pero es verdad que me he quedado con ganas de seguir leyendo, aunque solo sea para plantarle en la boca a Kit un “¿Mojigata y aburrida? ¡Toma mojigata y aburrida!”, que es lo que busca y lo que espera encontrar… y yo estoy bastante segura de que la señorita Lauren va a ser, pues bien, como todas las heroínas de esta clase de novelas: una mujer con mucho carácter tras la fachada.

1. Merece una Oportunidad

viernes, 24 de julio de 2015

Minireseña:
Nacida del Hielo (Hermanas Concannon 2),
de Nora Roberts


Primer pensamiento al acabar: ¡Qué monaaddaaaaaaaaaa!

Es un libro absolutamente delicioso. Así como la primera parte de la trilogía se me hizo un poco cansina, en esta ocasión me ha encantado por completo. Brianna es totalmente encantadora, dulcísima, con un corazón de oro; y por si eso fuera poco, no he parado de reír en todo el libro al verla hacer y decir cosas tan, pero tan propias de mi hermana, que no podía evitar pensar en ella casi cada capítulo.

Brianna es una chica independiente además de muy dulce, y no lleva nada bien que la ayuden o la protejan. ¡Cómo me ha recordado a nuestra dura Natsu! Pero también es una romántica, y las experiencias malas la traumatizan con facilidad (todito igual que mi hermana, si es que es igualita).

Sí, está traumatizada, pero eso no la paraliza. Cuando llega el momento se entrega al amor aunque es muy consciente de que no tendrá un final feliz, y eso demuestra un increíble valor.

Grayson, por otro lado, también me ha gustado mucho. Puede que no tanto como Brie, pero también tiene un encanto especial. Es tan majo, tan efusivo cuando está de buenas y tan gruñón cuando tiene un bloqueo de escritor… Me ha parecido adorable, incluso con sus miedos, con sus dudas, con esa vida que cree que le gusta y en el fondo no.

En cuanto al argumento de la trilogía, en este libro se avanza un poquito (bastante) más que en el primer libro, y ya se desvelan muchos secretillos. Ahora falta por ver qué pasa en el tercero.

5. ¡Léelo!



miércoles, 22 de julio de 2015

Relato Corto:
Casualidades de la Vida,
por Athalia's

La joven regresó a la habitación sin encender las luces. El hombre la observó sentarse a su lado, de cara a la ventana, de modo que sus contornos quedaban perfilados por la luz de la luna. Era una de las imágenes más hermosas que jamás podría ver.
Se sentó para abrazarla por la espalda, apoyando los labios en su hombro y besando su piel con delicadeza. Ella sonrió, cerrando los ojos, dejando que su prometido la acariciara dulcemente.
—Mañana es el día —comentó él en voz baja.
La joven asintió con la cabeza. Al día siguiente… iban a contraer matrimonio. Llevaban varias semanas preparándolo todo, y ya casi había llegado el momento.
—¿Recuerdas cómo nos conocimos? —preguntó el hombre de pronto, divertido.
Ella rió al recordarlo.
—¿Cómo podría olvidarlo? —respondió.

Caminaba por la calle sin poner demasiada atención a su alrededor…al menos hasta que, de pronto, un hombre la cogió del brazo con cierta brusquedad.
—Disculpa, señorita —dijo con voz cascada.
Se asustó instantáneamente, pero de inmediato el hombre dejó de prestarle atención y se volvió hacia un muchacho que se tocaba la frente con una mano, suspirando.
—¿Y bien? —inquirió, frunciendo el ceño—.¿Qué te parece?
—Papá, en serio…
—¡Claro que en serio! ¿Es guapa o no es guapa?
—¡Papá…!
La chica se ruborizó intensamente, sin comprender nada. El hombre volvió a mirarla.
—Probemos de otra manera —espetó—. ¿Qué te parece mi hijo?
Ella no creyó que pudiera sonrojarse más, pero lo hizo. Pudo mirar al joven detenidamente, dándose cuenta de que, en efecto…
—B-bueno, es-es guapo —tartamudeó.
—¡Bien! Ahora devuélvele el piropo, hijo.
—¡Papá, la cosa no va así…!
—¡Sí que va así, maldita sea, si ves una chica bonita por la calle le silbas, carajo! ¿O es que te enseñé a silbar para nada?
—Pero papá…
—P-perdón… —musitó ella—. ¿Pero puedo saber qué…?
—¿Qué pasa? —El hombre hizo una mueca—. ¡Que mi hijo tiene veinte años y nunca ha tenido novia, eso es lo que pasa, maldita sea! ¡Ni siquiera se ha interesado por ninguna mujer! ¿¡Tú crees que es normal?!
—Papá, estoy esperando a la adecuada.
—¡Romántico empedernido! ¡Eres incorregible!
El muchacho suspiró pacientemente, pero la chica ya lo miraba con otros ojos.

—Aquel fue el principio —dijo la joven.
—Sí.
—Tendré que darle las gracias a tu padre otra vez por elegirme a mí de entre todas las mujeres de la calle.

El hombre rió con suavidad y besó a su prometida en la mejilla. Juntos se tendieron en el lecho, esperando la llegada del amanecer, y con él el momento en que se unirían para siempre.

lunes, 20 de julio de 2015

Pre-Reseña:
Mi Alma Gemela, de Caroline March


Tenía buenas referencias sobre este libro, lo que me impulsó a hacerme con la preview y ver qué tal. Lo cierto es que me ha dejado bastante fría.

La historia que cuenta es triste, pero no me llega; al menos, no en las primeras páginas. El estilo me ha parecido muy explicativo y muy poco emocional, y los personajes, ninguno me ha parecido digno de mención… en el mejor de los casos. La protagonista por algún motivo inexplicable no me gusta, y la tal Sofía me parece cabra loca hasta desde la tumba.

3. No Merece la Pena

viernes, 17 de julio de 2015

Minireseña:
Nacida del Fuego (Hermanas Concannon 1),
de Nora Roberts


Esta es posiblemente la primera vez que siento que Nora, con lo mucho que me gusta su pluma, se ha excedido con las descripciones, en especial de espacios, como habitaciones, casas o paisajes.

En general ha sido un libro lento, para saborear poco a poco; en mi opinión incluso demasiado poco a poco. Pasan pocas cosas para la cantidad de páginas que hay, de manera que el argumento básico se diluye y apenas se percibe.

Por otro lado, la parte emocional del libro es increíble. El modo en que la protagonista, Maggie, ha sido traumatizada (lo acepte o no), y por ello rechaza el amor y todo lo que eso con lleva, es como para cabrearse con su encantadora madre, sacudirla bien y ponerla de vuelta y media colgando de un poste por los tobillos durante uno o dos años.

En cuanto al personaje masculino, Rogan, parece querer ser distinto a la media, muy pulcro, metódico y hasta cierto punto romántico, pero parece que queda en un intento, porque sigue siendo el clásico mandón movido por la pasión… al que, por suerte, nuestra protagonista sabe muy bien cómo parar los pies.

Pero todo lo que estoy diciendo es malo, y no. Realmente es un libro con un romance muy tierno, y un desarrollo personal fascinante. Ves cómo Maggie es una persona, es humana, y es imperfecta; es leal y generosa con su familia, pero también es ambiciosa, y puede llegar a ser egoísta mientras al mismo tiempo es tierna y vulnerable. Pocas veces hay un personaje tan completo como Maggie.

3. Para Pasar el Rato



miércoles, 15 de julio de 2015

Relato Corto:
Bruja,
por Athalia's

No importó que clamara por mi inocencia.
No importaron mis lágrimas.
Ni mis intenciones.
No importó cuánto recé a los dioses por mi salvación, encerrada en aquella oscura celda de prisión.
Al amanecer los guardias encapuchados vinieron a por mí, y, atada con férreas cadenas, me condujeron a la plaza mayor, donde mi destino esperaba.
Todos me miraban con odio al pasar.
Todos me despreciaban.
A mis oídos llegaban insultos entre dientes, oraciones de protección. Como si yo fuera a atacarles…Yo, una muchacha de diecisiete años, menuda e inofensiva.
Era una rea condenada a muerte.
Condenada… al fuego.
¿Y por qué?
Por sanar a una moribunda anciana.
Por darle salud en su lecho de muerte, cuando el galeno había declarado que no viviría para ver un nuevo día.
Por utilizar un don para ayudar a un necesitado.
Simplemente… por ser mágica.

La magia, aterradora y maligna.
La magia, que corría por mis venas como mi propia sangre.
La magia, que aprendí a usar avivando cosechas y curando cabras enfermas.
Mis padres siempre temieron que se descubriera mi vergonzoso secreto, me rogaron desde la más tierna infancia que rechazara aquella aberración impía y maligna que se aposentaba en mi alma.
Intenté complacerles… De veras lo intenté.
Pero hacer magia era para mí tan natural como respirar, y a veces, simplemente, no podía evitarlo.
A la larga…eso fue lo que supuso mi destrucción.

—¡Bruja!
Alguien me escupió en la cara. Yo, asqueada, intenté detenerme, limpiarme. Quise limpiar no sólo la baba que me caía por la mejilla, también todo mi cuerpo, mancillado por el sacerdote que intentó purificarme aquella noche.
Pero los guardias me obligaron a seguir caminando, y no tuve más opción que continuar el lento camino hacia la pira.
Mi vida había terminado antes incluso de verme atada en el poste.
Mis padres, al verme descubierta, juraron no saber nada de mi don y renegaron de mí como si fuera una paria.
Mis amigos me rechazaron públicamente en la detención.
Fue mi mejor amiga quien guió a la guardia.
Fui acusada de maligna brujería pro salvar a una anciana. Era irónico…cruelmente irónico.
Y aún así…
Aun así, yo…
Yo quería…
Quería vivir.
—Por favor…
Mis labios formaron las palabras, pero ningún sonido salió de mi boca.
A mis pies ya amontonaban paja y madera para quemarme.
Dejé caer la cabeza, derrotada.
—Por favor…
Apenas fue un murmullo trémulo que nadie escuchó. Nadie quería oír las súplicas de una bruja.
Nadie quería ayudarme.
Alguien…
Encendió el fuego.
Bruscamente peleé contra las cuerdas.
—¡Por favor!
Las dos palabras salieron a borbotones de mi boca…Un grito de auxilio.
—¡Por favor!
La multitud se agolpaba cerca de la pira, dispuesta a verme arder.
El fuego lamía la paja y la madera. El crepitar llenaba mis oídos…El calor…el humo nublaba mi vista.
No era humo. Eran lágrimas las que no me dejaban ver.
—¡Por favor, no he hecho nada malo!
Mi voz se quebró de pura desesperación.
Iba a morir.
Iba a morir quemada…
Por salvar a alguien.
Por curar a un enfermo.
Por ser mágica.
—¡POR FAVOR!
Me entró humo en la boca, y empecé a toser.
Las llamas se acercaban…
Ente la multitud distinguí un rostro que no mostraba odio ni regocijo.
Mostraba… consternación.
«Oh. Hay alguien…Alguien que se apena por mí», pensé, y aquello me hizo sentir mejor. «No estoy sola en el mundo».
Una persona, una única persona, era suficiente si se afligía por mí.
Contemplando aquel rostro de rasgos bien cincelados, un rostro enmarcado en largo y lacio cabello negro…El rostro de un hombre resuelto y voluntarioso…
Contemplándolo…Empecé a llorar.
Intenté sonreírle, pero simplemente lloré.
Y cuando las llamas alcanzaron mi carne, mis sollozos se volvieron gritos de agonía.
Lo último que vi fueron sus ojos.
Azules como el más vasto cielo.
Luego sólo hubo oscuridad…Y el crepitar del fuego infernal.


Tranquila… Yo cuidaré de ti.

lunes, 13 de julio de 2015

Pre-Reseña:
El Mar de la Tranquilidad, de Katja Millay


Después de tantas reseñas absolutamente favorables sobre este libro, esperaba unas primeras páginas geniales que me hicieran desear más y más. No ha sido el caso. En este punto todavía no entiendo en absoluto la actitud de ninguno de los dos personajes, y de hecho la chica me parece… supongo que exactamente lo que pretende ser: repelente e intratable.

Pero me parece repelente e intratable no por su comportamiento, sino por su mero pensamiento. Me parece repelente por dentro, lo que ya es decir mucho. No sé si soy capaz de tragar un libro enterito con esta actitud de niñata herida.

2. Indecisa

viernes, 10 de julio de 2015

Minireseña:
Los 100 (los 100 1),
de Kass Morgan


Descubrí que la serie de televisión venía de un libro cuando ya hacía tiempo que seguía la serie. Fue como ¡oh, dios mío, quiero el libro! Así que busqué y acabé encontrando el primero. Y aquí estoy.

*Aunque me acaban de decir que es a la inversa. ¡Que alguien me lo aclare, por favor!*

Puedo decir sin temor a equivocarme que no se parecen en nada, absolutamente nada, salvo los nombres. Bellamy en el libro no es un matón chulazo, sino que es encantador; Wells no es solo el hijito del canciller; Clarke puede que sea la única que ha mantenido una cierta esencia, pero tampoco es exacta.

Pero aquí no estamos para hacer comparaciones, ¿a que no? Estamos para hablar del libro.

Y la verdad es que el libro es lento, no nos vamos a engañar. El estilo pausado y un poco demasiado descriptivo hace que las escenas más estresantes pierdan el ritmo. Además, en mi caso los capítulos protagonizados por Glass (una chica que permanece en la nave) se me han hecho pesados e innecesarios hasta el final del libro; puede que tome más peso en el segundo volumen, pero por ahora cada vez que tocaba Glass cerraba y me iba a hacer otra cosa durante un rato.

Aun así, la obra en general está bastante bien: tiene una buena base, y a pesar de lo que digan los fanáticos de la ciencia ficción que querían oír hablar de motores de protones y campos de energía, está muy bien ambientada.

3. Para Pasar el Rato


miércoles, 8 de julio de 2015

Relato Corto:
Bullying,
por Athalia's

Subió de los primeros en el autobús de regreso a casa, y se sentó en uno de los asientos dobles más cercanos a la salida. Los demás, chicos y chicas de su edad, riendo y jugando, subieron tras él, pagaron como él, pero no se sentaron cerca. Fueron al fondo, donde podían ponerse como quisieran y seguir charlando, o se quedaron junto al conductor para hablar con él.
El autobús se puso en marcha. Allí estaba el chico, con los asientos de detrás y al lado todos vacíos. Pero aún podía oírlos. Sus risas estridentes. Una chica encendió su teléfono móvil y puso música gitana a todo volumen. Un par comenzaron a golpear los asientos con las manos, al ritmo de la melodía. Estaban aburridos. Siempre se aburrían en el viaje de regreso.
«Que no reparen en mí», pensó el muchacho, angustiado. «Que no me vean».
Aunque una parte de él sí quería ser vista.
No, por favor, no. Porque, si lo veían, comenzarían a acosarle. La burlona camaradería, los golpes demasiado fuertes en la espalda. ¿Qué hay, Misha? ¿Qué pasa, gatita? Oye, ¿nos invitas a tomar algo? No, no hace falta que vengas, sólo danos algo de dinero, va, tío, buen rollo.
Sí, por favor, miradme, aceptadme. El ruego silencioso de alguien que permanece aislado, mirándolo todo pero sin tomar parte, sin ser capaz de incluirse. Miradme. Estoy aquí. Hablad conmigo. Hacedme partícipe de vuestras risas y vuestros juegos.
Pero eso no ocurriría. No, él era el marginado, el aislado, el apartado. Le gustaba quedarse en casa, calentito, tranquilo, leyendo o estudiando. No le gusta salir, ni le gustaba el ruido. Le gustaba la calma.
El autobús se detuvo en otra parada. No era de ninguno de los dos institutos, pero a pesar de eso, una jovencita algo mayor que Misha subió. Él desvió la mirada de inmediato. La vio, y apartó la vista. Era guapa, preciosa, con los ojos brillantes y el cabello largo.
Sabía lo que pasaría. La bonita muchacha se sentaría probablemente frente al grupo de atrás de todo, y entablarían rápidamente conversación, aunque no se conocieran. Podría oír sus palabras. Hola, guapa, no te había visto por aquí antes, ¿eres nueva en el pueblo? Ellos la harían reír, conversarían, y para cuando el bus se vaciara, ya habrían intercambiado teléfonos.
Pensaba en todo esto cuando, para su sorpresa, la muchacha pasó por su lado, le dedicó una sonrisita y se sentó tras él.
«No, no, ahí no», pensó Misha, angustiado.
Si ella se sentaba ahí, los demás se acercarían para hablar con ella, y podrían molestarlo a él también.
Entonces retrocedió un poco en el hilo de sus pensamientos.
¿Se había sentado ahí?
Miró por encima del hombro y la vio tras él, apoyada en el cristal, mirando afuera con aspecto distraído. Se había puesto los auriculares de su pequeño mp4, y no parecía muy interesada en mantener conversaciones estúpidas con un grupo de estúpidos guaperas.
Volvió la vista al frente. Que no me vea mirándola, se dijo. Si me ve, estoy perdido. Se meterá conmigo, como las demás. Pensará que estoy intentando ligar con ella o algo peor. Que babeo. No babeo. No babeo.
El viaje siguió sin incidentes. La música gitana resonando en el autobús, los golpes en las sillas, las palmadas al ritmo de la canción, las risas. Las voces cantando mal habían empezado a sonar. Charla ininterrumpida.
Pero nadie se había acercado a la desconocida muchacha.
¿Por qué? Era guapa, y se tenía que ser guapo para llamar la atención de esa panda de ineptos. Guapo, o muy feo. Guapo si querían algo de uno, feo si se aburrían. Todo dependía. Pero la estaban ignorando, como si no la hubieran visto.
Miró otra vez por encima del hombro, y su mirada se cruzó con la de ella, que le dedicó una sonrisita. Volvió al frente otra vez, azorado. Notaba sus mejillas ardiendo. No volvió a girarse.
El bus comenzó a vaciarse. Algunos chicos bajaron ya, despidiéndose a gritos, otros se quedaron y se acercaron más para seguir charlando.
La chica se levantó entonces. Tocó con suavidad el hombro de Misha, gentilmente, y cuando éste, sobresaltado, la miró, le sonrió.
—Vamos —dijo con una voz suave, como la voz de un ángel.
La muchacha se puso frente a las puertas y apretó el botón de STOP. Misha se apresuró a ponerse la chaqueta, colgarse la mochila y salir.
Ambos bajaron un momento después en la parada, y el autobús se marchó. Permanecieron unos instantes quietos, en silencio; la chica se volvió hacia él, le dedicó una nueva sonrisa y comenzó a caminar.
Misha fue tras ella, cohibido. ¿Había seguido a una desconocida, sin más? Una sonrisa, un gesto amable, y ya lo tenía detrás como un perro. ¿Cómo podía ser? Hacía años que había superado esa fase de besarle el trasero a cualquiera que le hiciera un mimo.
Entonces, la muchacha dio un brinco y se volvió hacia él, deteniéndose, cogiéndose las manos por detrás.
—Sé lo que es —dijo suavemente, sonriendo, comprensiva.
—¿El qué? —respondió él con cierta brusquedad, a la defensiva.
—Que te ignoren cuando se divierten, que te ataquen cuando se aburren. Sé lo que es frustrarte cuando ni siquiera se comportan educadamente. Los móviles sonando bien altos para que todos oigan su música, que no tiene por qué gustar al resto de pasajeros. Su actitud ególatra. Soy el centro del universo, así que adoradme, amadme, lo soy todo para vosotros.
Misha tragó saliva, pero no dijo nada. Ella rió. Tenía una risa dulce, como el repicar de las campanas. No era burlona, no se estaba mofando de él. Eso parecía. Eso quería creer.
—No hace falta que sean muy mayores —comentó la muchacha.
—¿Quién?
Pero ya sabía quién decía. Mayores. Los adultos. Él también lo sabía.
—Diez años, y ya no saben lo que pasa en las escuelas e institutos —dijo la chica, mirando al cielo con sus preciosos y brillantes ojos—. Creen que saben mucho, pero en realidad, nada. Sólo nosotros lo sabemos, y no nos escuchan. No me refiero a un «nosotros» del colectivo adolescente.
No, claro que no. Ella se refería a los marginados. Los aislados. Los separados. Como él.
—Como tú. —La muchacha lo miró y sonrió, comprensiva—. No eres guapo.
—Vete a la mierda —espetó Misha sin siquiera quererlo.
—Oh, no quiero ofenderte con eso. Es casi un halago. Si eres un guaperas, eres como ellos. Perteneces a su bando, su grupo. Si eres hermoso, sepas lo que haces o no, humillas a los demás, les haces sentir que no son nada a tu lado, les haces daño. Algunos no son conscientes de ello, Misha.
—¿Cómo sabes quién soy?
—Porque me dedico a esto. Os busco, querido. A ti, y a todos los que, como tú, son aislados, apartados y humillados. Sé lo que sentís. Sé lo que sientes.
—¿Cómo puedes saberlo? Eres hermosa.
La chica alzó las cejas, y un leve rubor tiñó sus mejillas rosadas.
—Vaya, gracias. Pero no lo soy, Misha. Mírame bien. Mírame. No soy bonita. Soy sólo una chica normal. Como tú. No eres feo, sólo… normal. Del montón.
La miró mejor. Tenía razón. No era hermosa como ellas, las chicas de su clase que iban todas juntas, con su música reggetón y sus faldas cortas y sus altas botas. No, ella no era así. No tenía el cabello perfectamente cuidado, sino que era encrespado, largo pero salvaje; no era delgada como ellas, como las modelos que querían emular, no, la muchacha no era así; tampoco era alta, era más bien bajita; su ropa no destacaba, vestía de negro, pantalones de licra por debajo de las rodillas, una falda por encima, camiseta ajustada que dejaba su delicado vientre a la vista, botas, pero sin plataforma.
No era hermosa. Pero era bonita. Él la veía bonita. Bonita como ninguna de las demás podría ser nunca. Tan natural.
—Las personas del montón debemos tener carisma si queremos salir bien parados del instituto —dijo la muchacha—. Tú no lo tienes. Eres tan tranquilo. Yo también lo era. Lo soy. También sufrí en el instituto. Y en el colegio. Nadie me ayudó jamás, nadie estuvo de mi lado. Está bien, no era tan grave. Chicles en el pelo de vez en cuando; solía llevarlo corto para evitarlo. A veces alguna zancadilla, o papel mojado en clase. El falso compañerismo cuando les interesa. La burlona camaradería. Cosas como las que te hacen a ti, ¿no es verdad, Misha?
—Sí. Sí, es verdad.
—Muchos no son conscientes del daño que nos hacen. A los que lo saben, les importa un comino. Y los adultos… ¿Qué voy a decirte de los adultos? Nuestros padres dicen que estamos en la edad del pavo, o que debemos crecer y enfrentarnos a los problemas. Los profesores piensan que es una etapa…o tal vez piensan que es el orden natural de las cosas.
«El fuerte contra el débil», pensó Misha con amargura.
—Y el débil siempre pierde.
Misha miró a la chica. Ella sólo sonrió, encantadora, y tendió una mano pequeña hacia él. La manga subió un poco y dejó ver la muñeca de la chica. Una cicatriz cruzando la piel blanca por encima de las venas azules.
—Ven conmigo, querido Misha —le dijo suavemente—. No tienes que pasar por esto. Te llevaré a un lugar donde estarás a salvo de todo esto. Tendrás tu rinconcito para leer, para estudiar, para escuchar la música que te gusta. Podrás estar en silencio, en tu habitación. Y si quieres compañía, tendrás amigos que estarán al otro lado de la puerta. Gente que no se reirá de ti. Amigos de verdad. Personas que, como tú, aceptaron mi mano y ahora viven felices en un lugar donde ellos no existen.
Incondicional, irracionalmente, Misha tomó la mano que ella le ofrecía.
—¿Cómo te llamas? —preguntó, ansioso.
—Nina.


—Otro desaparecido.
—Me parece increíble.
—¿Qué hace que tantos chicos desaparezcan últimamente?
—¿Será algo en la televisión?
—No, Eric no veía la televisión,…
—Ah, el que dibujaba insectos en el jardín.
—El de las gruesas gafas redondas.
—Parecía un poco lelo.
—Chist, su madre está ahí, tonta.
—Ya son casi una veintena en esta provincia.
—¿Quién ha sido esta vez?
—Misha, el de la familia rusa.
—Ah, pobre mujer, que su desagradecido hijo se marchara así…
—Ni una carta ni una llamada en los tres días que lleva desaparecido.
—Niños, creen que lo saben todo.
—Sí, como si siempre tuvieran razón.
—Oh, mira, es la madre de ese Misha.
—Pobrecilla, mírala como llora.
—Sólo una buena madre podría llorar por un hijo tan desagradecido.
—Sí, es una buena mujer.
—Vamos a apoyarla.
—Sí, vayamos.
Desde la esquina, una muchacha de ojos brillantes y cabello encrespado que vestía de negro, vio a las mujeres que se acercaban a la desolada madre de Misha y le daban palmaditas en la espalda, intentando animarla. Sólo consiguieron que su llanto se volviera más histérico.
—¡Debí haberle escuchado! —sollozaba—. ¡Debí escucharle! ¡Todos debimos hacerlo!
«Es tarde», pensó Nina con tristeza. «Si sólo te hubieras dado cuenta un poco antes. Pero es tarde para tu hijo».
De forma inconsciente, se llevó la muñeca a los labios y lamió la herida con la punta de la lengua, resiguiéndola, con su brillante mirada dirigida al grupo de mujeres.
«Sirve de ejemplo», pidió en silencio. «Enséñales a escuchar. Madres y padres a quienes os he arrebatado los hijos, por favor, enseñad a los demás a escuchar».
Una veintena de voces se unieron a su susurro apenas audible.

—Escuchadnos.

lunes, 6 de julio de 2015

Pre-Reseña:
El beso de Udriel, de Andrea P. Muñoz


Hay previews que no hace falta ni terminar. Esta es una de ellas. El uso de la puntuación es nefasto, lo que incomoda muchísimo la lectura. ¿Resultado? Se me ha hecho imposible de leer.

3. No Merece La Pena

sábado, 4 de julio de 2015

Velo de Sangre Firmado

¡Buenas, chicos y chicas! Esta vez no traigo una reseña, nop... Vengo a deciros que la última novela de Athalia's, Velo de Sangre, se puede adquirir en papel y firmado por las autoras.

Por si todavía no conocéis la novela, os dejo la sinopsis y la portada:


Samer busca un romance épico como los que solo se ven en los libros, pero no es algo fácil de conseguir cuando un vampiro díscolo toma de ella cuanto quiere.

Y es que a Sagyth, el nosferatu errante, le encanta vivir de la diversión que encuentra en las jóvenes inocentes. Ninguna se le ha resistido… hasta ahora.

¿Logrará Sagyth doblegarla, o Samer encontrará el amor que tanto anhela?

¿Os interesa? Fantástico. Solo tenéis que entrar aquí, que es nuestro grupo en Facebook, y decir que queréis el libro. Su precio será de 12 euros más el envío a elegir, normal o certificado; nosotras compraremos los ejemplares, los firmaremos, y a vuestras casas ^^ ¿Qué os parece?

viernes, 3 de julio de 2015

Minireseña:
La Bestia, de Alex Flinn


Debo decir que no esperaba que me gustara tanto este libro. Vi la peli y fue “meh, pase”, pero la novela es absolutamente genial, me ha encantado.

Kyle es totalmente detestable, como debe ser. Es superficial, cretino, un cabrón de armas tomar. El modo en que cambia es perfecto, redondo, se nota la evolución.

Kendra también es la hostia. Me encantó en todo momento, y su última aparición es totalmente genial. Empezaba a olérmelo, pero es la hostia igualmente.

Sobre Lindy, no hay mucho que decir. Es adorable, un encanto.

Y en cuanto a sus padres, los de ambos, ojalá se hubieran convertido en babosas, los dos. Y de paso también la pija Sloane.

En resumen, una preciosidad de libro y una adaptación sublime. Verdaderamente coge la esencia de La Bella y la Bestia y la traslada al día de hoy, a una ambientación moderna en la que encaja a la perfección.

Eso sí, a mí en lo personal las charlas de chat que hay continuamente me sobran. No aportan nada, salvo pequeños apuntes a otros cuentos clásicos.

5. ¡Léelo!



miércoles, 1 de julio de 2015

Relato Corto:
Cosas del Metro,
por Athalia's

Baja las escaleras mecánicas, perdida en sus pensamientos, cruza los pocos metros que hay hasta la barrera, usa su T-50 y se dirige a los ascensores del fondo. Ella no me ha mirado. Pero, claro, ¿para qué va a mirar siquiera al chico de la información del metro, si sabe dónde está y adónde va?
Menudas curvas que tiene…Digo…¡Hola! Te estarás preguntando de qué demonios habla este pobre diablo, ¿verdad? Sí, claro, es bastante natural.
Mi nombre es Daniel, tengo 19 años y, como he dicho, soy el chico de información. Trabajo provisional, claro. Quiero ser veterinario, aunque mis notas son…en fin…Dejémoslo estar. En cuanto a aspecto, soy muy normal: alto, delgaducho, huesudo, de ojos color café y pelo revoltoso y castaño.
Vale, lo admito, tengo un pequeñísimo problema de granos. Pero nada más, ¿eh? Soy muy pero que muy normal.
Y de tan normal no ligo ni a tiros.
La chica de la que te estoy hablando es una jovencita que pasa por esta parada dos veces al día. Larga melena rubia y ondulada, ojos color caramelo (hm…caramelo…el que le pondría encima para luego…eu…este…dejémoslo), metro cincuenta y algo de altura (llavero, qué mona), curvas de infarto…
Tiene unos andares, oye, de diosa, de musa, de reina. Uff. Tanta elegancia no puede ser real. Menea ese traserito redondo que tiene, pero poquito, probablemente sin darse cuenta, y coge con un brazo su bolso, siempre cruzado, y el otro lo mueve al son de sus andares. La melena vuela a su espalda como un halo, como…como…mierda, qué malo soy para las palabras.
Eso sí, y contra todo pronóstico, viste modosita. Pantalones largos de cintura baja, sí, pero camisetas largas de manga corta, que se ajustan, pero no tanto como deberían. Si es que sus curvas me las sé porque anteayer llegó corriendo y empapada (no veas qué morbo, dios santo, estaba escultural, la ropa ajustándose a su cuerpo, el flequillo pegado a la frente, y ese pelo chorreando agua en su espalda…), y además hoy me lleva una camisetita apretadita de color azul, que la tapa el cuello, los hombros, el pecho y el estómago, pero deja a la vista su vientre terso y delicado.
Pero una tía así ni de coña se fija en un tipejo como yo. Vamos, es que ni soñando. Bueno, soñando sí.
¡Eh, soy un hombre! ¡También tengo derecho a soñar, y con la que me salga de los…los…! Los…¡cataplines! No te rías, os…tras. Que mi madre dice que ni piense palabrotas, oye, ¿qué quieres que te diga?
Bueno, volviendo a nuestro tema. Chica escultural pasa por la parada del metro dos veces al día, y que desde que trabajo aquí (sí, bien, es una semana) no me ha dirigido ni una triste mirada. Qué deprimente. Pero yo sueño con ella, oye, de verdad, es que está tan…uff, sin palabras.
Ey, pero que no tengo fantasías guarras, que eso no está bien. Que sí, que vale, que lo de tirarm…digo…hacer el amor con ella es una de las más recurrentes, pero ey, misionero, muchos mimitos y censurado. Bueno, la censura sólo a veces. ¡Eh, qué pasa! ¡Si no me la voy a tirar nunca, al menos puedo soñarlo!
Pero normalmente fantaseo sobre cómo me acercaré a ella cuando vuelva de donde sea que vaya.
Bien, bueno, esta es la definitiva. Esta vez iré y le diré…algo. Pensemos.
Señorita, ¿necesita ayuda?
Eh, al igual empiezo por ahí, me dirá que no y a tomar por ccc…c…traserín.
Pero, claro, si entro en plan ligón me lanzará una de esas miradas asesinas que mandan a veces las chicas, me dejará frito y, fiel a mi mala suerte, cogerá el bus en lugar del metro a partir de ahora.
¿Pero en qué maldito plan voy a entrar? Ligón, nada. Putón, menos (ups, eso ha sido una palabrota, ¡lo siento, mamá!), porque si entro put…eu…así, casi me manda a freír espárragos con todas las letras, y probablemente de forma más ruda; si es que a las chicas así, tan lindas, no les gustan los putt….puttt….eso. El papel chico-de-la-información tampoooooco sirve, porque si le pregunto si necesita ayuda me dirá que no (ey, eso ya lo había pensado, ¿verdad?).
Vamos, cabecita, rueda, mueve esos engranajes, traza un plan, tienes que hablar con ella hoy…
Ey. ¡¡¡¡EY!!!! ¿¡PERO CÓMO QUE YA SON LAS SIETE?! ¿¡DESDE CUÁNDO?! ¡¡PERO SI CASI…!!
Rectifico. Ella ya está aquí. Veo su linda carita entre las personas del ascensor que termina de subir. Las puertas se abren. Mierda, otro día sin hablar con ella. Mierda, mierda, mierda. ¡Sí, estoy soltando tacos, ¿qué pasa?!
La gente sale, ella la última, como siempre, porque prefiere ceder el paso a otros. Tan linda. ¡Yo la quiero, maldita sea! Me la comería de todas las formas en que se puede comer a una mujer. Menos canibalismo, por favor…Estoy loco, pero no tanto.
Anda los tres pasos que la separan de la barrera, moviendo ese traserín tan sexy, mirando al infinito sin prestar demasiada atención a cuanto la rodea. Se detiene un momento, y cuando las puertas de plástico se separan pasa corriendo. Siempre pasa corriendo. Es tan mona. Taaaaaaannn mona. ¡Yo la quieeeeeroooooo!
Algún desalmado pasa por su lado cerca de las escaleras y le tira el bolso. ¡Desgraciado! ¡Como te pille por aquí no te dejaré coger el metro, pedazo de animal!
El tipejo de mierda no se disculpa, ni ella levanta la mirada hacia él. Se acuclilla y comienza a recoger el contenido de su bolso, que se ha desperdigado por el suelo. ¡Maldito bastardo!
Sin pensar siquiera en lo que hago, camino hacia ella y me arrodillo.
—¿Te ayudo? —pregunto.
Ella alza la mirada. Me mira. Sus ojos de caramelo se fijan en mí. Se le encienden las mejillas y mira a otro lado, pero sus labios se curvan en una sonrisita tímida, adorable y encantadora.
—Gracias —dice con voz de ángel.
Y entonces me doy cuenta, no sé cómo, de que ella también se había fijado en mí.

En fin, cosas del metro.