miércoles, 27 de enero de 2016

Relatos cortos:
La Tejedora

Desde su mundo de ideas, desde el fondo de su historia, desde el centro del torbellino que era por aquel entonces su vida, él había susurrado las respuestas al oído de la Tejedora. Ella había cumplido con su función en el mundo real, había escrito las palabras y había puesto el punto final al relato, cerrándolo.

Después, el joven guerrero había revivido los sucesos una y otra vez en la mirada y la mente de la Tejedora. Había sufrido y había sido feliz, y sólo así podía sentirse completo. Al fin y al cabo, era el personaje principal de su historia.

Ahora, lo notaba, era ella quien le susurraba al oído. Era una parte de la Tejedora quien estaba en su interior, acurrucada, murmurándole por qué, por primera vez en su vida como criatura ficticia, se encontraba en el mundo real.

Su primera imagen fue de un tanque de vidrio lleno de un líquido verdoso. En el interior, la Tejedora permanecía desnuda y aovillada, con la mirada hueca. Ella no estaba realmente allí.

Un hombre joven se acercó un paso al guerrero.

—Tienes que salir ya —dijo, con pesar pero firmeza.

Él asintió.

En mi mundo, un Tejedor ha hecho entrar criaturas malignas que siembran el mal, la discordia y el sufrimiento. Ayúdame a pararlos.

Ella sabía que su guerrero no podría negarse. Al fin y al cabo, lo conocía tan bien como para escribir su historia con toda veracidad.

Él dio la vuelta, haciendo ondear su vieja y raída capa, y salió del camión.

El mundo real era tan… real. Mucho más que su mundo de ficción. En su mente, la Tejedora rio con suavidad.

Eso siento yo cuando cierro los ojos y viajo con vosotros en vuestras aventuras. Viajemos juntos de nuevo.

El guerrero desenfundó su poderosa espada mágica y se enfrentó a la criatura ficticia salida de la mente de un Tejedor perturbado.

Él era más perfecto, más sólido, y por eso venció esta vez.

Mientras el monstruo se desvanecía, borrando todo rastro de su irreal existencia, el joven guerrero sacado de una historia épica se dio cuenta de que, al final, realidad y ficción no eran tan distintos: allí también habían malvados que querían hacer daño, y héroes que los combatían.

Ahora se daba cuenta de que la labor de la Tejedora era mucho más importante de lo que había pensado, y la admiró un poco más.

Entró de nuevo en el camión y la máquina mental lo deshizo, devolviéndolo a su mundo de fantasía.

Lo último que escuchó en el mundo real fue a la Tejedora, y su última imagen fue la de su mirada agotada.

—Gracias, viejo amigo…

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