jueves, 31 de octubre de 2019

Relato Corto:
Cuencas Vacías

Despiertas. Es de noche todavía, la oscuridad reinante en tu habitación. ¿Qué es esa extraña sensación, ese peso en el estómago? ¿Una pesadilla tal vez? No puedes recordarlo. Das la vuelta, intentando conciliar el sueño de nuevo, y entonces lo oyes.
Tic, tic. El ligero golpecito, ¿qué es eso? Prestas atención. La casa está en silencio. Silencio…
Pum. El golpe en la pared. Pero estás sola.
Enciendes frenéticamente la luz y miras alrededor.
Tus muebles, tu habitación, todo está en orden. ¿Era un sueño?
Entonces ves la puerta. La dejaste cerrada, y ahora está abierta. ¿Quién la ha abierto? Estabas dormida. De un salto te levantas y la cierras de nuevo; pones la silla contra la manija. Nada va a entrar en tu cuarto.
Pero lo que sea ya está dentro.
Te giras y ahí está, en la esquina junto a la ventana. Una espalda vestida de blanco, el largo pelo negro, un ahogado llanto.
No mires, ruega la aterrada voz. No mires.
El aliento sobre tu nuca, caliente y espeso. El corazón desbocado.
No mires, no mires.
Un roce en el pelo. Te giras.
¡¡NO MIRES!!
La puerta está abierta. Manos ensangrentadas alcanzan tu garganta. El ser de ancha sonrisa te mira con sus cuencas vacías.
Eso es lo último que ves.

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